Se trata de una iniciativa de la Asociación Ábrego en colaboración con el proyecto La Escuela Virtuosa y la Asociación de Amigos de Caminos Jacobeos del Norte de Burgos.
El fin de semana del 17 y 18 de mayo, los vecinos de Virtus viajaron en el tiempo gracias a un taller de saberes ancestrales organizado por la Asociación Ábrego en colaboración con el proyecto La Escuela Virtuosa y la Asociación de Amigos de Caminos Jacobeos del Norte de Burgos. Más de 30 participantes de todas las edades, entre vecinos y personas llegadas de los valles cercanos y de ciudades como Burgos o Santander, participaron en esta iniciativa enmarcada en un proyecto cooperativo que pretende dinamizar el territorio a través de propuestas que conectan con lo esencial: aprender juntas, cuidar lo común y celebrar la vida rural.
Tras realizar un repaso a la prehistoria desde el Antecesor, que habitó esas tierras hace un millón de años, hasta el Homo Sapiens, Héctor Castrillejo, antropólogo procedente de Tabanera del Cerrato, instruyó a los asistentes en saberes que han estado muy presentes en la vida cotidiana hasta hace apenas unas décadas, cuando la irrupción de la tecnología, las redes sociales y el frenético ritmo de vida transformaron nuestra relación con el mundo y entre nosotros.
Encender fuego con distintas técnicas y aprender a conservarlo como se ha hecho durante miles de años fue una de las actividades estrella de la jornada, pero los participantes aprendieron también a utilizar el bramante, un sencillo zumbador formado por una cuerda y un trozo de madera o hueso cuyo sonido se percibe a más de 15 kilómetros del lugar donde se genera. Además, trabajaron la piedra para construir sus propias herramientas con filo y practicaron hasta sacar potentes sonidos y vibraciones utilizando caracolas marinas y cuernos de animales.
A pesar de que para participar en el taller era necesario inscribirse previamente, algunos vecinos se sumaron a la comida popular y también a la actividad final que consistió en pintar una pared de roca utilizando pigmentos naturales y técnicas prehistóricas como el uso de los dedos, plumas de aves o pinceles elaborados con cañas y pelo de cola de caballo, así como el soplado que permite obtener imágenes en negativo. “Nos quedamos con la sensación de que podríamos haber seguido horas, porque la energía del grupo y el interés era estupenda”, afirmó Héctor Castrillejo
Desde la Asociación Ábrego, su coordinadora de proyectos, Astrid Henmark destaca que “actividades como esta demuestran que, cuando se cuida lo pequeño, se construyen cosas grandes. Que en lugares como Virtus, con pocos habitantes pero mucho corazón, late con fuerza una forma de hacer comunidad, de recuperar conocimiento y de vivir la cultura desde el encuentro”.





