Los datos de afiliación a la Seguridad Social entre 2015 y 2025 muestran el cierre progresivo de actividad en los pueblos pequeños y el peso creciente de Medina, el Valle de Mena y Villarcayo.

Los datos de afiliación a la Seguridad Social de diciembre de 2025, comparados con noviembre de este mismo año y con diciembre de 2015, dibujan con bastante claridad cómo ha cambiado la estructura económica de Las Merindades en la última década. No se trata solo de cuántos afiliados hay, sino de dónde están y en qué régimen cotizan. Y ahí es donde aparece la verdadera historia.

En diez años, la comarca ha pasado de 6.388 afiliados (diciembre de 2015) a 4.297 (diciembre de 2025). Es una caída muy importante, cercana a un tercio del total. Sin embargo, el detalle por regímenes revela algo aún más significativo: mientras el Régimen General aumenta en 225 personas, el número de autónomos cae en 409. Es decir, no se ha destruido tanto empleo asalariado como actividad económica propia.
Menos negocios, menos actividad local.

La pérdida masiva de autónomos es el indicador más claro del cierre progresivo de negocios, explotaciones y pequeñas actividades que dan vida a los pueblos y sostienen su economía diaria. Es un proceso silencioso: jubilaciones que no se sustituyen, comercios que bajan la persiana, talleres que desaparecen, explotaciones familiares que no continúan. Ese hueco no lo ha cubierto el empleo asalariado, que además se concentra cada vez más en determinados puntos de la comarca.

Se trata de una realidad que afecta a toda Castilla y León. En diciembre de 2025, nuestra comunidad contaba con 182.761 afiliados autónomos, lo que representa una disminución de 19.875 en comparación con 2015, equivalente a una reducción del 9,81%.

Tres polos que concentran la afiliación
Los datos muestran que, mientras muchos municipios pequeños pierden afiliación, Villarcayo, Medina de Pomar y el Valle de Mena resisten e incluso crecen.

  • Villarcayo gana 87 afiliados respecto a 2015.
  • Medina de Pomar gana 31.
  • El Valle de Mena se mantiene prácticamente igual.
    En paralelo, otros municipios pierden peso de forma clara, especialmente en afiliación autónoma.
    El caso más llamativo es el del Valle de Tobalina, que pasa de 495 afiliados en 2015 a 340 en 2025 (-155). Esta caída no puede entenderse sin tener en cuenta el cierre definitivo de la central nuclear de Garoña en 2017. La central no solo generaba empleo directo, sino una importante actividad económica asociada en servicios, contratas y pequeños negocios del entorno. Su desaparición dejó un vacío que, una década después, sigue reflejándose en los datos.
    También se observan descensos en Espinosa de los Monteros, Sotoscueva o Trespaderne, aunque menos acusados.

El caso particular del Valle de Mena: vivir aquí, trabajar fuera
El aparente estancamiento del Valle de Mena merece una lectura específica. A diferencia de otros municipios, su menor afiliación no responde tanto a una pérdida de población activa o de dinamismo residencial, sino a un fenómeno bien conocido por sus vecinos: la movilidad laboral diaria hacia Vizcaya.

Muchos residentes del Valle de Mena trabajan en localidades vizcaínas próximas -Balmaseda, Zalla, o incluso Bilbao- donde se ubican sus centros de trabajo. Es allí donde se registran sus cotizaciones a la Seguridad Social. El resultado es una brecha estadística clara entre el lugar de residencia del trabajador y el lugar donde figura su alta laboral.

En términos prácticos, el Valle de Mena funciona en gran medida como municipio residencial dentro de un mercado laboral de proximidad, no estrictamente local. Esto significa que la afiliación que reflejan las estadísticas no recoge toda la realidad económica de sus habitantes.
Este matiz es clave para interpretar correctamente los datos: no toda menor afiliación implica menor actividad, sino, en algunos casos, deslocalización del empleo hacia el entorno inmediato.

Un cambio estructural, no coyuntural
Estos datos no reflejan simplemente un periodo desfavorable temporal ni un fenómeno estacional. Muestra, en cambio, un cambio estructural en la economía de la comarca: una disminución del número de autónomos, menos actividad distribuida de manera uniforme en el territorio, un incremento del empleo asalariado concentrado en las cabeceras y una menor influencia económica de los pequeños pueblos. En ciertos casos, como el del Valle de Mena, la economía parece estar cada vez más vinculada a un mercado laboral que trasciende los límites provinciales.
En definitiva, una comarca donde el empleo no desaparece del todo, pero se concentra, se desplaza y pierde presencia territorial.

La foto de diciembre de 2025 no es solo una estadística más, es el reflejo numérico de algo que muchos vecinos perciben desde hace años. Los datos, esta vez, lo confirman con claridad.