La población extranjera ha pasado a ser un componente esencial en la estructura demográfica de las Merindades. Aunque el INE aún no ha dado a conocer los datos oficiales de 2025, el padrón de 2024 refleja que esta comarca cuenta con 2.001 residentes de nacionalidad extranjera, lo que equivale al 9,1 % del total de sus 21.951 habitantes, una proporción que ha contribuido a frenar la pérdida de población en un contexto general de declive rural. Gracias a esta población, el descenso de habitantes en las Merindades ha sido menos drástico en las dos últimas décadas; en lugar de una disminución de 757 personas, habría alcanzado la cifra de 2.758 habitantes menos.

La población extranjera mostró un notable aumento entre 2004 y 2010, llegando a un pico de 2.686 personas (equivalente al 11-12% del total), coincidiendo con el período de auge económico anterior a la crisis financiera de 2008. A partir de 2011-2012, esta cifra comenzó a reducirse de manera paulatina, alcanzando los 1.586 residentes en 2022 (7,3% del total). Posteriormente, entre 2023 y 2024, la tendencia vuelve a cambiar, registrándose un nuevo incremento hasta alcanzar los 2.001 residentes en 2024.
Aunque entre 2011 y 2022 se produjo una disminución en la población inmigrante, el cambio demográfico ha sido especialmente notable en las últimas dos décadas.

En el año 2003 vivían en la comarca únicamente 572 personas extranjeras, pero desde entonces esta cifra se ha multiplicado por tres y medio, lo que representa un incremento absoluto de 1.429 personas y un crecimiento del 250 %. Sin esta contribución, el saldo demográfico de Las Merindades habría resultado significativamente más negativo en cuanto a población residente.

Fuerte concentración en las cabeceras
La distribución de la población extranjera es muy desigual y se concentra en un reducido grupo de municipios. Más del 80 % de las personas de nacionalidad extranjera empadronadas en las Merindades viven en Medina de Pomar, Villarcayo y Valle de Mena, que se han convertido en los principales polos de atracción migratoria de la comarca.

Medina de Pomar reúne 694 residentes extranjeros, que suponen el 11,6 % de su población, mientras que en Villarcayo residen 546, lo que eleva el porcentaje hasta el 13,5 %, la cuota más alta de la comarca. En el Valle de Mena la cifra alcanza los 404 habitantes de nacionalidad extranjera, el 9,8 % de su censo, muy por encima de la media comarcal del 3,8%.

En estos municipios la inmigración ya no es un fenómeno puntual o marginal, sino un componente estructural de la población local. En Villarcayo y Medina de Pomar, más de uno de cada diez vecinos es de nacionalidad extranjera, lo que está transformando de forma lenta pero constante la realidad demográfica y social de las cabeceras.

Otros municipios con peso significativo
Más allá de las cabeceras, la inmigración también tiene un peso relevante en otros núcleos de la comarca. En el Valle de Tobalina se contabilizan 69 residentes extranjeros, que representan el 8,0 % de la población. En el Valle de Valdebezana son 35, el 7,3 %; en la Merindad de Sotoscueva, 29, el 7,0 %; y en Trespaderne, 50 personas extranjeras, también el 7,0 %.
En todos estos municipios la población extranjera se mueve en una horquilla de entre el 7 % y el 8 % del total, con un impacto demográfico ya apreciable tanto en el mantenimiento del censo como en la pirámide de edades. La presencia de nuevos residentes contribuye a sostener servicios, actividad económica y matriculación escolar en entornos donde el envejecimiento es muy acusado.

Municipios pequeños casi sin inmigración
La otra cara de la realidad migratoria de las Merindades se encuentra en los municipios de menor tamaño. En buena parte de estas localidades la inmigración sigue siendo residual o, sencillamente, inexistente. Alfoz de Santa Gadea, Berberana, Cillaperlata, Jurisdicción de San Zadornil, Partido de la Sierra en Tobalina y Valle de Zamanzas no registran ningún vecino de nacionalidad extranjera en el padrón de 2024.
En otros municipios pequeños, como Alfoz de Bricia, Altos, Los, Junta de Villalba de Losa o Merindad de Cuesta-Urria, el peso de la población extranjera no alcanza el 2 % del total. Esta ausencia de nueva población limita la capacidad de estos territorios para compensar la pérdida de habitantes por envejecimiento y salida de jóvenes, y los sitúa en una posición especialmente vulnerable frente al despoblamiento.

Un pilar demográfico para el futuro
En conjunto, la población extranjera ya representa casi uno de cada diez habitantes de las Merindades, un porcentaje que explica buena parte de la resistencia de la comarca frente a un declive demográfico más acusado. Sin esta aportación, el saldo de población de los últimos veinte años habría sido claramente más negativo y el mapa comarcal mostraría un vaciamiento aún mayor.
Los datos dibujan, sin embargo, una dualidad clara. Por un lado, un grupo reducido de cabeceras y localidades más dinámicos que concentran la mayor parte de la inmigración y actúan como focos de atracción. Por otro, un amplio conjunto de municipios pequeños donde la presencia de población extranjera es nula o muy débil, lo que plantea el reto de extender esa capacidad de acogida al conjunto del territorio para frenar el despoblamiento en las zonas más frágiles de la comarca.