El análisis de los datos térmicos registrados en febrero entre 2017 y 2026 en el Valle de Mena revela una tendencia clara de aumento de temperaturas y una disminución significativa de las heladas durante este mes tradicionalmente invernal. El año 2026 marca el registro más alto de la década, con una temperatura máxima de 25,8 °C, alcanzada el 25 de febrero, y una mínima ya claramente positiva.
Aumento generalizado de las temperaturas
Durante la última década, se ha observado un marcado cambio en las temperaturas medias registradas en el mes de febrero, evidenciándose una transición de valores predominantemente fríos hacia registros progresivamente más templados. En este sentido, la temperatura media de la década comprendida entre 2017 y 2026 alcanza los 8,52 °C, superando significativamente los 7,84 °C correspondientes al quinquenio inicial del periodo evaluado (2017–2021).
Este aumento resulta especialmente notorio en las temperaturas máximas:
- Promedio entre 2017 y 2021: 18,74°C
•Promedio entre 2017 y 2026: 20,14°C
De igual manera, las temperaturas mínimas han experimentado un ascenso considerable:
•Promedio entre 2017 y 2021: –2,56°C
•Promedio entre 2017 y 2026: –1,14°C
Fuerte reducción de las heladas
Uno de los aspectos más relevantes del análisis corresponde a la evolución de las heladas, definidas como temperaturas mínimas iguales o inferiores a 0 °C. Durante el período comprendido entre 2017 y 2021, se registraron heladas en cuatro de los cinco años. Sin embargo, en el período 2022–2026, estas sólo se presentaron en dos de los cinco años. Cabe destacar que, a partir de 2024, no se han registrado temperaturas mínimas negativas durante el mes de febrero. Además, no solo disminuye la frecuencia, sino también la intensidad: las mínimas extremas, que alcanzaron –5,4 °C en 2017, han dado paso a valores positivos en los últimos años.
Una tendencia clara en apenas una década
Los datos muestran que febrero en el Valle de Mena es hoy, de media, más cálido y menos propenso a heladas que hace diez años. El aumento es especialmente notable en las temperaturas mínimas, lo que sugiere inviernos menos rigurosos y una reducción de episodios de frío intenso.
Aunque se trata de un periodo relativamente corto, la evolución es consistente y apunta a un cambio térmico significativo en uno de los meses tradicionalmente más fríos del año.



