
En la Historia de España quedaron recogidos hechos, durante los siglos XIX y XX, que marcaron épocas u oleadas de expolios. Las Merindades no fueron excepción de la generalidad.
Chelu García
En 1808 el Ejército de Napoleón invadió España. Sus tropas, mayoritariamente mercenarias, saquearon todos los lugares por donde pasaron. Especialmente buscaron el oro y la plata. En nuestro caso, conocemos el saqueo de Espinosa de los Monteros tras la Batalla que tuvo lugar junto a la villa el 10 y 11 de noviembre de 1808. Pero el relator más reconocido, el abad Nicolás Barquín Arana, estuvo más pendiente del robo de trigo y harina que de las obras de arte. En su crónica contó que muchos soldados se aposentaron en la plaza y la iglesia de Santa Cecilia, sin duda expoliaron esta última. Más explícito es el relato de R. Iñigo Alonso Guerra, cura del barrio de Para, a quien no le dejaron ni Santo Cáliz, ni copón, ni chrimeras, ni ornamento alguno. No ofreció relación de pueblos, pero cuenta que hicieron lo mismo en el resto de las iglesias comarcanas.
Las Leyes Desamortizadoras promovidas por Mendizábal y llevadas a cabo en la provincia de Burgos en 1835, forzaron la desaparición de los conventos franciscanos de Frías y Medina de Pomar, más el cisterciense de Santa María de Rioseco. Posteriormente desapareció el patrimonio artístico que los mismos contenían.
Otra oleada de expolios se produjo en el primer tercio del siglo XX. Los magnates americanos, los nuevos ricos de EE. UU.se hicieron ávidos coleccionistas de arte, para lo que contaron con marchantes codiciosos que pusieron sus ojos en el patrimonio artístico español. Caso del pórtico de Frías ya expuesto.
La última fase detectada vino originada por nuestra Guerra Civil. En el periodo de postguerra hubo muchas necesidades y pocos recursos. Ofrecer dinero contante y sonante por una obra de arte a un cura, un sacristán o un alcalde fue un señuelo perfecto para conseguir la obra deseada. Siempre hubo un motivo que justificase la venta, como una obra imprescindible de ejecutar, aunque a veces lo más importante fue quitarse el hambre de encima.
Corresponde a esta última época, período de postguerra, el expoliador estrella de Castilla y León: Frederic Marès.
Fue un escultor catalán nacido en 1893 que falleció en 1991. Su obra como escultor no transcendió mucho más lejos de Barcelona, de la misma diremos que el tiempo la juzgará. Aparte fue profesor y director de la Escuela Superior de Bellas Artes y de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Barcelona, restaurador del Monasterio de Poblet y coleccionista. Decía sobre sí mismo que era un escultor que trabajaba para comprar esculturas. Es de esta última faceta a que nos vamos a referir.
Museo Frederic Marés
Fue inaugurado en 1948. Se encuentra en el antiguo palacio de los Condes de Barcelona y contiene las obras donadas por Frederic Marès al Ayuntamiento de Barcelona. Para quien visite la ciudad y desee acudir, encontrará la entrada en el lado derecho de la Catedral Gótica de Barcelona.
El sótano y las dos primeras plantas están dedicadas a la escultura, bien en piedra, madera u otros materiales. Posterior hay 17 salas con colecciones en la segunda y tercera planta, y un espacio dedicado a la figura de Marès como artista.
Todas las piezas del museo se encuentran agrupadas siguiendo el orden cronológico de los distintos períodos artísticos. En el caso de Castilla y León principalmente corresponden al románico, gótico y renacentista.
No hay un inventario de piezas por origen de las mismas, pero quien escribe estas líneas en múltiples visitas ha contado entorno a 300 piezas con origen en Castilla y León, 15 de ellas acreditadas en Burgos y al menos 2 en las Merindades.
En la sala 7, según se entra en la pared de la izquierda hay un calvario que en su día se encontraba en la parte alta del retablo románico de la Iglesia de San Pedro de Tejada. Veamos la descripción que hace el museo del mismo. (Sirva como referencia para calcular el tamaño que la leyenda tiene entorno a 12 cmts). Es un trabajo de una calidad notable. En él, vemos en el centro a Cristo, flanqueado por María y San Juan, el único de los apóstoles que lo acompañó al pie de la cruz. Las tres figuras tienen una anatomía naturalista, de formas redondeadas y suaves. El rostro de Cristo es sereno. La Virgen muestra una actitud resignada y apenada y San Juan sostiene con su mano izquierda el libro, y en la otra apoya el rostro triste, gesto muy habitual en las representaciones del evangelista en los calvarios medievales.
De la iglesia de San Millán de Porquera de Butrón hay tres esculturas en madera policromada estimadas hacía final del siglo XIII principios del XIV. En la sala 7, a la izquierda de la pared frontal encontramos un conjunto formado por la virgen y San Juan. A su derecha, Cristo crucificado abrazado por José de Arimatea.
Frederic Marès fue un auténtico depredador de obras de arte. En algún tiempo almacenó tal número de piezas de Castilla y León que no encontró el momento para documentarlas. Razón por las que son muchas las obras en las que cita como procedencia Castilla o Burgos, sin concretar más.
Vamos a volver a San Pedro de Tejada y el período de los magnates americanos.
Esta iglesia es propiedad particular de la familia Huidobro, Merindad de Valdivielso, desde que la compraron en una subasta cuando la Desamortización.
Está documentado que un marchante americano pasó por allí a verla antes de 1927 y pretendió comprarla. Tenemos en lista dos o tres sospechosos. Irene Garmilla apunta a Arthur Byne.
Sigo la aportación de Irene Garmilla. Eduardo Ontañón, en un artículo publicado en EL HERALDO DE MADRID el 18 de octubre de 1927, reproducía así las declaraciones de José María de Huidobro: Hace ya años, se presentaron en mi casa, de vuelta de Tejada, dos americanos, diciéndome que venían encantados de la ermita y me darían por ella una buena cantidad; la querían para llevársela… Desde el primer momento les dije que no. Después, ya desde Madrid, me escribieron sobre lo mismo, y al mismo tiempo lo hicieron a un cura amigo mío, pidiéndole que intercediera y hasta ofreciéndole recompensar sus trabajos… Pero todo fue inútil. Ni la vendo, ni la venderé.





