Un legado de 35.000 libros en busca de una institución que los preserve.

El abogado y poeta Gregorio San Juan García (1928-2006) acumuló una colección de libros, revistas y documentos que ronda los 35.000 volúmenes, algunos encuadernados en piel en un taller de Oña. Ahora su familia quiere preservar la colección íntegra en alguna institución o centro cultural, como era su deseo. Fue uno de los primeros veraneantes de Trespaderne junto a su esposa.

Fernando F. Peña. (Trespaderne)

Gregorio San Juan, nacido en Melgar de Yuso (Palencia), hijo de maestros que ejercieron en Barakaldo, y residente en Vizcaya desde 1931, fue uno de los primeros veraneantes de Trespaderne junto a su esposa, la profesora universitaria y directora de la biblioteca de la Universidad del País Vasco, María Fernanda Iglesia Lesteiro. Estudió Magisterio, Filosofía y Letras y Derecho, ejercicio al que se dedicó al tiempo que desarrolló una intensa actividad cultural en la capital vizcaína. Sus inquietudes intelectuales fueron extraordinarias. Fue concejal de cultura del primer Ayuntamiento democrático que se formó en Bilbao entre 1979 y 1983, participó en la fundación de la compañía de teatro “Akelarre”, impulsó concursos de cuentos y ciclos de cine, presidió la sociedad liberal “El Sitio”, formó parte de la Comisión del Museo de Bellas Artes, editó libros, colaboró en revistas y periódicos, escribió poesía, ensayo, crítica literaria y artística, tradujo a autores portugueses y alemanes (Friedrich Hölderlin), se carteó con autores en el exilio como Juan Larrea. Fue un lector voraz que investigó cuanto pudo, un gran amante de los libros que reunió una suerte de biblioteca que contiene documentos importantes y ejemplares únicos.

Gregorio San Juan acumuló libros propios y los heredados del historiador y bibliotecario Ramón Iglesia Parga (1905-1948) durante toda su vida. Y es tal la magnitud de la colección legada que los ejemplares, repartidos entre su piso de veraneo en Trespaderne, su vivienda y tres trasteros en Bilbao y un apartamento en Alicante, expuestos en estanterías y guardados en cientos de cajas de cartón, los alrededor de 35.000 ejemplares están sin catalogar, lo que añade intriga a una colección de libros que atesora primeras ediciones, ediciones raras, obras completas de autores y auténticas joyas bibliográficas ya difíciles de encontrar en bibliotecas. Algunos libros también guardan documentación tras sus solapas: notas, recortes de prensa, facturas y correspondencias.

Los libros archivados en Trespaderne ocupan unas cuantas estanterías repartidas por toda la casa. Muchos fueron encuadernados en el taller de Oña de Sidonio García, que aprendió el oficio de niño con los jesuitas que habitaron el Monasterio de San Salvador y cuyo taller continúa abierto en la calle de Ronda de Oña, ya en manos de sus herederos. Sus lomos de piel, dorados, impecables, son únicos: ediciones de ”La Divina Comedia”, la poesía clásica, griega y romana, literatura europea, los grandes autores españoles (Larra, Unamuno, García Lorca, Blas de Otero, los Machado, Cela…). Gregorio San Juan también coleccionó revistas culturales del siglo pasado como “Hermes”, “Cuadernos para el Diálogo” o “Ínsula”, y literatura de quiosco, novelitas populares de autores como Felipe Trigo, curiosidades muy buscadas hoy por los coleccionistas.

Fue un lector infatigable, de Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, José Ortega y Gasset. Estudió a fondo a Unamuno y editó textos inéditos suyos, leyó literatura rusa, y coleccionó todo lo publicado sobre el krausismo. Abundan en su biblioteca libros sobre filosofía, arte, pensamiento político, grafología y biblioteconomía. Escribió sobre la ría del Nervión y los poetas bilbaínos, ensayó sobre Gabriel Aresti, Miguel Azaola, Ramón de Basterra, Antonio de Trueba, Jaime Delclaux. Amistó con Gabriel Celaya, Juan Larrea, Blas de Otero. Fue un inquieto agitador cultural en la Vizcaya del siglo XX, un curioso del saber que frecuentó todas las bibliotecas que pudo y entró a cuantas librerías le vinieron a mano. La biblioteca que reunió es extraordinaria en cantidad y calidad de ejemplares.

La circunstancia de que los libros, almacenados en varios lugares de la península, estén ahora sin catalogar confiere interés a la doble colección, aviva una gran curiosidad intelectual, cuando son la librería formada por un bibliófilo con criterio y un promotor cultural que mantuvo contacto con artistas e intelectuales de su tiempo. Por su valor documental y sus posibilidades de estudio, tal fondo bibliográfico merece ser preservado. Es la razón por la que sus herederos quieren conservarlo íntegro en alguna institución que lo catalogue para su utilidad pública, conforme a la voluntad de Gregorio. Desperdigada, la colección reunida perdería su valor conjunto, su caudal memorístico de todo un siglo español.

El legado es de libro. Preservarlo intacto no es tarea sencilla.

Una mirada poética.
Gregorio San Juan editó libros, hizo antologías poéticas y publicó poemarios y ensayos a lo largo de toda su vida: “Pequeño Viaje a nuestro Parnaso” (Elacuría, 1961), “Arte menor” (Imprenta Provincial de Vizcaya, 1962), “Alonso de Ercilla: cuarto centenario” (Bilbao Bizkaia Kutxa, 1994), “Vida y Obra de Luis Antonio de Vega” (El Tilo, 2000), “Poemas descabalados. Antología poética, 1945- 2005” (Gráficas Eskuza, 2005), “Quodlibetales. Ensayos sobre literatura y pensamiento” (Ediciones Beta III Milenio S.L., 2006).

Hizo una poesía social. La enciclopedia vasca Auñamendi apunta: “Fue poeta en cada uno de los apartados de su vida, antes que profesor, abogado o político. Poeta en la manera de mirar a su alrededor, poeta en su escritura y en la relación con la gente (…) reivindicaba su poesía política, siempre en defensa del trabajador, de los hombres y las mujeres que hacían frente a las duras condiciones de vida en la margen izquierda del Nervión”.

Murió en Bilbao el 17 de mayo de 2006. El periódico “El País” publicó su necrológica.