El pasado 25 de Mayo, los miembros de la asociación se vistierón de época, cogieron las tablas de lavar, jabones, baldas con ropa sucia y carretilla de madera. Y con la ilusión y entrega de la que hacen gala en estos eventos, consiguieron representar fielmente esta sufrida tarea de las mujeres.
En Mozares nunca hubo lavadero público, y el río Trema que todavía se muestra generoso en caudal y limpieza, sirvió una vez más de escenario inigualable. Eso sí, la temperatura del agua puso las manos enrojecidas.
Al llegar al río, pusieron las prendas sobre las piedras o tablas de lavar y las sumergieron en el agua. Con esfuerzo, frotaron la ropa con las manos y el jabón para quitar la suciedad y las manchas. Luego las mujeres enjuagaron varias veces en el agua del río para asegurarse de que quedara limpia.
Una vez lavada y retorcida como se hacía antiguamente, colgaron la ropa en los arbustos o extendida en la hierba para que se secara con el sol y el viento. Este trabajo requería esfuerzo físico y paciencia, pero también era un momento de encuentro entre las mujeres, que conversaban y compartían historias mientras realizaban la tarea.
Aunque parece una actividad sencilla de realizar, puso a prueba a los miembros de la asociación, puesto que tuvieron que recuperar e incluso hacer nuevas tablas de lavar y rodilleros, recuperar baldas para llevar la ropa y hacer una carretilla de madera con una rueda vieja olvidada.
La ilusión de las más mayores hizo que cosieran unos cojines nuevos para no hacerse daño al arrodillarse, porque aunque tratan de conservarlo todo, siempre hay cosas que no aguantan el paso del tiempo.
A medida que se desarrollaba la jornada se daban cuenta que se olvida lo que no se practica. Empezaban a recordar los nombres de las cosas, la forma de lavar, de blanquear con azulete o ceniza y tender la ropa correctamente. Y todo explicándolo bien, ya que contában con una niña pequeña que estaba muy ilusionada y ansiosa por aprender. Para ella fue como jugar en el río.
La explicaron que no se lavaba todos los días, si acaso una vez al mes. En verano más a menudo porque la ropa que se usaba en las tareas del campo se ensuciaba mucho. En invierno daba pereza lavar porque el agua estaba muy fría y salían sabañones.
Algunas lavanderas cobraban lavando la ropa de los más pudientes, ganando así un dinero extra.
Mozares quiere seguir en esta ardua pero gratificante tarea de recuperar oficios y labores antiguas. La próxima actividad será La Trilla, en la que esperan a los que les quieran acompañar en esta andadura por las tradiciones populares.



